FRAGMENTOS
"Aunque en su ignorancia Rob J. consideraba un inconveniente verse obligado a permanecer junto a la casa paterna en compañía de sus hermanos y su hermana, ésos serían sus últimos instantes seguros de bienaventurada inociencia. Recién entrada la primavera, el solo estaba lo bastantate bajo para colar tibios lengüetazos por los aleros del techo de paja, y Rob J. se tumbó en el pórtico de piedra basta de la puesrta principar para gozar de su calor. Una mujer se abría paso sobre la superficie irregular de la calle de los Carpinteros. La vía pública ncesitaba reparaciones, al igual que la mayoría de las peñas casas de los obreros, descuidadamente levantadas por artesanos especializados que ganaban su sustento erigiendo sólidas moradas para los más ricos y afortunados.
Estaba desgranando una cesta de frescos guisantes, e intentaba no perder de vista a los más pequeños, que quedaban a su cargo cuando mamá salía. William Steward, de seis, y Anne Mary, de cuatro, cavaban en el barro a un lado de la casa y jugaban juegos secretos y risueños. Jonathan Carter de dieciocho meses, acostado sobre una piel de cordero, ya había comido sus primeras papillas, eructado, y gorjeaba satisfeco. Samuel Edwar, de sieteaños, había dado esquinazo a Rob J. [...]"
Noah Gordon. El médico



